Me gusta aprovechar cada mañana porque es un nuevo comienzo

Existe una gran diferencia entre la mañana y la noche, no solo visualmente, sino también desde el punto de vista de lo que transmiten. Es como si algo acabara y empezara cada día con un punto de arranque y un broche final, mientras todo lo demás sigue fluyendo a nuestro alrededor.

Es decir, no sé para ti, pero para mí la noche es el momento de la reflexión, el de la pausa, el del silencio y la contemplación. Con la oscuridad llegan las dudas y los miedos ganan presencia: la poca luz se intensifica e, incluso, se puede admirar una belleza característica de ello.

En cambio, la mañana parece otro mundo aparte. Al despertar llegamos a tener la sensación de que todo es mucho más sencillo de lo que parecía antes de dormir. Ni siquiera al amanecer un día nublado hay tanta oscuridad, los miedos no irrumpen con tanta fuerza y la vida nos exige acción.

Cada mañana es un nuevo comienzo

Por la mañana somos capaces de afrontar las motivaciones nocturnas que nos conducen a decir “quizá no”. Para ello, fundamentalmente es beneficioso colocarnos en el primer lugar de una escala que tenga como objetivo aprovechar que hemos (re)nacido. Es decir, vernos como los héroes de nuestro propio mundo: la meta de crecer a la que nunca deberíamos renunciar y el reto de aspirar a disfrutar lo que podamos.

Justamente el impulso que puede ofrecernos despertar, abrir los ojos y ver la luz natural  nos sirve para afirmar que cada mañana es un nuevo comienzo. Se trata sobre todo de una oportunidad extra que tenemos para valorar lo que poseemos, apropiarnos de nuestra vida, cuidar las relaciones y elegir ser felices.

No es lo mejor arrepentirse más tarde de algo que no hicimos porque lo dejamos pasar mientras no nos movíamos. Levantarse sin aspiración de ser mejores, sin sueños, sin metas es como perder por apatía algo maravilloso que tenemos a nuestro alcance. ¿Merece la pena tirar esa ilusión?

¿Qué queremos hacer con esta oportunidad?

Es bueno emplear el tiempo de la pausa nocturna para reconocer qué nos gustaría encontrar al día siguiente otra vez y qué no, así como decidir qué queremos extraer de él. ¿Qué errores hemos cometido hoy? ¿Dónde hemos gastado tiempo innecesariamente? ¿Seremos capaces de quejarnos menos y vivir más? Son reflexiones interesantes.

No es fácil y a veces nos pueden las circunstancias, es cierto. Sin embargo, por eso precisamente tenemos que cuidar y entender cómo funcionan nuestras distorsiones perceptivas sobre lo que experimentamos. Prueba a iniciar la jornada con una mirada distinta, como siempre se ha dicho: como si fuera el último día que fueras a poder vivir ¿Qué harías?

“Hoy puede ser un gran día,

plantéatelo así,

aprovecharlo o que pase de largo,

depende en parte de ti”

-Serrat-

Estoy segura de que en la respuesta quedaría fuera todos los pensamientos que te hacen daño y los pequeños baches del momento se convertirán en anécdotas de las que reírse. De hecho, cada mañana es una oportunidad para reírnos de nosotros mismos, intensificar las emociones positivas y cargarnos de fuerza. 

Depende únicamente de nosotros

No existen los días malos, somos nosotros los que permitimos que sean mejores o peores con la actitud que tomamos ante ellos. Que ocurran acontecimientos que nos desagraden no está en nuestras manos, pero sí depende únicamente de cada uno el cómo respondamos a ellos. En realidad, la decisión de experimentar un día de una forma u otra es individual.

Habrá quienes intenten amargárnoslo y ocurrirán pequeños infortunios que nos hagan pensar que tenemos mala suerte. Sin embargo, no es así: cada día nos ofrece una ocasión perfecta para cambiar ese punto de vista. Despertar cada mañana también nos permite cambiar lo que no nos gusta, aprender del día anterior y empezar otra vez de nuevo.

“Que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti.

No lo mires desde la ventana y siéntate al festín”

-Serrat-

Con independencia de lo que se pueda escapar a nuestro control, depende exclusivamente de nuestra energía aprovechar todo lo demás. Hagamos una criba: borremos lo que nos hace daño, los pensamientos negativos y la desgana para poder llenarnos del resto del paisaje. Hoy siempre es un buen día para sonreír, recuérdalo.

 

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