¿Cuándo acudir al psicólogo infantil?

Todos los padres educan lo mejor que saben a sus hijos. Y todos en algún momento detectan situaciones difíciles en este proceso, algunas incluso se les escapan de las manos. A veces observan síntomas o señales que evalúan como preocupantes y es entonces cuando se plantean acudir a un psicólogo infantil. Eso sí, no sin dudar unas cuantas veces antes si dar este paso es lo adecuado o no.

Lo cierto es que no pasa nada por consultar, no hay nada de malo en acudir a la consulta de un especialista y dejar que explore y evalúe al niño. Si no queremos dar directamente un paso tan drástico, podemos hablar con otras personas que ya conocen al pequeño y que al mismo tiempo están acostumbradas a tratar con más niños de su edad. Estas personas pueden ser el educador de la escuela infantil, el maestro y el pediatra y podrán decirnos si ellos también observan ese comportamiento, si lo ven extraño y si se sitúa en su nivel de desarrollo normativo.

Lo que es normal a una edad puede no serlo a otra

Si un niño de 3 o 4 años tiene miedo, los padres pueden hablar con él, leerle cuentos o acompañarle una parte del tiempo que transcurre entre que se apaga la luz y los niños se duermen. Si tiene 10 o 12 años y este miedo se mantiene, es probable que estemos ante un niño con problemas de autoconfianza, falta de autonomía y gran dependencia. Por otro lado, no es igual que un niño de 4 años desobedezca que un adolescente de 14 años tenga conductas desafiantes. Con 4 años va a ser más fácil corregirle que con 14 años.

Niña enfadad con la cabeza hacia abajo

Los padres han de plantearse si es una conducta típica de la edad o si por el contrario no se corresponde con el desarrollo evolutivo o madurativo de esa etapa. Otro punto importante para decidir si acudir a un psicólogo infantil es hacer una estimación de qué peso o influencia tiene esa conducta o conductas en su vida, hasta qué punto la condicionan y hasta qué punto provocan malestar.

¿Qué hace el psicólogo infantil?

El psicólogo infantil en una primera entrevista a los padres determinará el motivo de consulta, les ofrecerá unas orientaciones y valorará la necesidad de evaluar al niño y establecer un diagnóstico. Si lo estima necesario, después comenzará la intervención con los padres, con el menor o con las dos partes dependiendo de la disponibilidad y de la demanda del problema. Por otro lado podrían evaluarse otras medidas con el centro, como una adaptación curricular si fuera necesaria.

Como psicóloga infantil y según mi experiencia, en muchos  casos se trata simplemente de un desajuste entre el niño y sus padres. Los padres no ven en cierto momento qué es lo que necesita su hijo. Pierden la sintonía con él y tienen, por ejemplo, expectativas irreales, le exigen demasiado o al contrario, le exigen por debajo de sus posibilidades. No interpretan bien sus señales. La tarea del psicólogo infantil consiste en exponer a los padres las necesidades de su hijo, indicarles su nivel madurativo y de ajuste en personalidad y sobre todo ofrecer una orientación.

Psicóloga con una niña

El psicólogo infantil cuida el lenguaje, las formas de acercarse al niño, utiliza el juego y los dibujos como medio para conocerlo y entender sus esquemas de funcionamiento cognitivo. Se lo traduce a los padres y les ayuda a entender  de manera lógica el funcionamiento de su hijo -¿qué sucede para que se comporte así?-, facilitándoles estrategias para su educación, habilidades para la gestión de las emociones y orientación para modificar la dinámica familiar si fuera necesario.

¿Cuándo acudir al psicólogo infantil?

Los padres suelen acudir al psicólogo infantil cuando:

  • El niño muestra ciertas conductas con frecuencia: desobediencia, agresividad, obsesiones, tics, miedos, hiper-sensibilidad, extrema timidez…
  • Hay problemas en la escuela infantil: llantos excesivos, ausencia de lenguaje o juego, falta de contacto ocular, etc; en el colegio: falta de concentración, dificultades de aprendizaje, conflictos con compañeros, aislamiento, hiperactividad o aburrimiento… o en el instituto.
  • El niño tiene problemas físicos sin causa médica: dolores de tripa, de cabeza, vómitos, eczemas, etc.
  • El niño sufre un cambio repentino e inexplicable: de ser activo se vuelve apático; de estar alegre se vuelve triste, etc.
  • El niño parece no estar feliz: apenas juega, llora por todo, no tiene amigos, teme estar solo, tiene problemas de sueño, etc.
  • Dificultades en la dinámica familiar, clima negativo, enfados o mala gestión de las emociones.
  • A veces los padres piden ayuda en situaciones puntuales como un divorcio, o la muerte de un familiar.

Si hay problemas con el hijo, háblalo primero en pareja, el equipo padres ha de estar unido. Expresad vuestras preocupaciones, frustraciones, emociones y opiniones. Puede tratarse de un problema que solo se da con uno de los dos padres y el otro puede mejorar la situación.

Los niños tienen el poder de intuirlo todo, hasta los puntos débiles de sus padres.

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Los niños y adolescentes emiten señales

A veces es importante buscar ayuda. Cuando tenemos la sensación de estar al límite, de no aguantar más al hijo, de empezar el día con el corazón en un puño, de perder el control a diario y de tener miedo de hacerle algo. Es hora de parar y buscar ayuda profesional. Los niños emiten la señal, y al acudir al psicólogo infantil, se inicia el cambio.

La primera cita que propone el psicólogo casi siempre es con ambos padres, sin el menor. En la siguiente, si es necesario, el psicólogo verá al niño. A través de la evaluación mediante juegos, dibujos y tests, va formándose una idea del niño, su madurez y desarrollo. El psicólogo citará varias veces al niño y a sus padres, según el caso.

Cuando se trata de problemas con un adolescente, puede resultar más difícil llevarlo a la consulta. Pero se puede consultar con el psicólogo sin el hijo. Al fin y al cabo siempre hay una interacción entre padres e hijo.

Este corto te enseñará el valor de dejar a los niños elegir su camino

Si como padres aprendéis a ver la situación con otros ojos o a enfrentar las dificultades de otra manera, la situación en casa mejora considerablemente. La aceptación del hijo, la gestión de las propias emociones, el cariño, la educación con humor y la calma son buenos aliados ante cualquier situación de la dinámica familiar, y un psicólogo infantil orientará hacia el aprendizaje de nuevas estrategias desde esta dinámica.

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