¡Socorro! Es Navidad

¡Qué bonita es la Navidad! Pensaréis… Todo toma un cáliz especial, las luces en las calles, los anuncios de colonias, el turrón, el panettone, los villancicos… O quizás, por el contrario sois de esos que desearían meterse bajo una manta hasta enero y no por el frío.

De esos que ven en la Navidad aglomeraciones, largos días de compras aburridísimas y gastos. Además, temes el reencuentro con esa típica tía a la que ves una vez al año y que te avasalla con preguntas que no te da tiempo a contestar; por no hablar del tema “familia conyugal”, con el consecuente reparto equitativo de los tiempos para que no se apuñalen con el cuchillo de trinchar el pavo.

Bueno, sí, quizás esté exagerando un poquito. Aunque, ciertamente, no para todos las Navidades suponen una “noche de paz, una noche de amor. Si este es tu caso, este artículo va dirigido a ti.

¿Por qué odiamos la Navidad?

Lo cierto es que, para los que nos sale urticaria solamente con escuchar los villancicos o con los incesantes anuncios de abuelos sonrientes sosteniendo a niños repeinados que están deseosos de cenar en familia, nos es más sencillo encontrar razones para aborrecer las Navidades que para quererlas. He recopilado unas cuantas:

Mucha hipocresía

En los anuncios, en las cenas, en el trabajo… ¿Desde cuando un niño esta quieto en la cena y va dando saltos a cámara lenta? Los niños de verdad se manchan, se manchan mucho. Juegan con la caja o el envoltorio más que con el propio juguete de un nombre impronunciable, que has buscado durante semanas. El árbol es más difícil de montar que un mueble de IKEA. Por no hablar de si tienes gato, que hará desaparecer el árbol en cuestión de segundos y sin “Magia Borrás”.

Cenar con gente que no soportas, que te mira sonriendo con cara de estreñimiento porque tampoco te aguanta. Por no hablar del “invento de el amigo invisible”: el mejor repartidor de papeletas envenenadas que se ha inventado en la historia.

¿Qué narices le regalas a ese compañero del curro que le has visto dos veces y no te sabes ni el nombre? Fácil, el primer llavero que pillas en el chino. Cuando él recibe ese “precioso llavero de la bandera de España” piensa, “¿a dónde va el facha este?”. Sin embargo, te asiente con mirada complaciente y te piensas ser el rey del mundo porque no tienes ni puñetera idea de leer caras y piensas que has dado en el clavo. Cuanto menos, irónico.

Muchos gastos

La cena del trabajo, las cañas de la precena, las postcena, los regalos, los billetes si tienes la fortuna de irte unos días… La verdad es que poner un árbol lleno de luces, regalos y comer copiosamente es un lujo publicitariamente endemoniado para las personas que no pueden ni siquiera pagar la energía necesaria para iluminar dicho adorno vegetal, es más que utópico. Así, los que somos conocedores de esa realidad, rechazamos disfrutar sin más siendo ajenos a ella.

Figuras de navidad sobre dinero

Demasiadas ausencias

De los que se fueron y de los que estando, no están. A nadie nos gustan las sillas vacías en fechas señaladas. La Navidad es un momento que invita a hacer una retrospectiva del año, comparando lo obtenido con los propósitos iniciales. Y, cuando en esa ecuación falta alguien, empezamos a perder el sentido a celebrar una fiesta que “ya no es lo mismo”. También, por todas esas personas que trabajan duro para que nosotros disfrutemos; médicos, taxistas, camareros… que no acabarán la Nochevieja con chocolate y churros a las 7 a.m.

¡Salvemos la Navidad!

Ahora presento algún que otro “remedio” para sobrevivir a la Navidad con dignidad y dejar de ser el típico al que tildan “aguafiestas”. Puedes aplicarlos o no, pero desde luego te recordarán que no estás solo en este barco.

Frente a la hipocresía

Se denomina disonancia cognitiva a el sentimiento de malestar por hacer cosas contrarias a nuestras creencias o valores. Niégate a participar de ella. Si no quieres árbol, no lo pongas. No seas alguien que no eres; si normalmente eres amable, sé amable; si eres serio, eres serio y quien te quiera ha de hacerlo así, ya sea en Navidad o en primavera. Si tienes que hacer el amigo invisible, sé ingenioso y da “un vale por una caña”, te servirá para conocer a esa persona, pasar el rato y será más económico que el llavero del chino.

Intenta disfrutar de las Navidades que vives, ninguna familia es perfecta, visualiza la tragicomedia como un acto teatral que ocurre una vez al año y es de duración finita. Para que nos entendamos, “no te hagas mala sangre” que la comida o cena acabará, te lo prometo.

Acordad entre la pareja como alternar las familias de un año a otro, siendo flexibles si surge algún imprevisto y no dejando que tu pareja sea el objetivo de las críticas de los tuyos. Aunque en algún momento te resulte tentador, no la abandones a los “pies de los leones”; después te lo agradecerá.

Frente a los gastos

Recicla o usa dibujos de tus hijos para hacer un centro de mesa resultón. YouTube es una gran solución para hacer platos económicos con un sabor cinco estrellas. No te gastes un dinero que no tienes, regala tu tiempo. Aunque muchas veces se nos olvide, es el obsequio más valioso que le puedes hacer a una persona. Te ahorrarás, además, las colas en los supermercados. Acércate a un comedor social, cambiará tu punto de vista. Para demostrártelo, te invito a que le dediques unos minutos vídeo que aparece al final de este artículo.

Frente a las ausencias

No te centres en los que se han ido o faltan, es injusto para los que sí ocupan su silla. Rememorar juntos anécdotas que harán que esa persona siga estando ahí y no caiga en el olvido. Reconocer la fortuna de haber compartido esas experiencias con esa persona aliviará nuestra melancolía. No te propongas objetivos irreales si no te sientes preparado. Prepara unas fiestas, diferentes adelantando o atrasando las celebraciones para que “esa persona que trabaja” pueda estar ahí.

Nunca es tarde para hacer de la Navidad una oportunidad para pasarlo bien, así que prueba e intenta cambiar ese sentimiento de desazón. Por mucho que las odies, nadie las va a borrar ni te van a devolver ese tiempo.

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