Hiperpaternidad, un nuevo estilo que destroza infancias

Vemos a algunos padres preocupados, a otros muy estresados, a otros que pasan ampliamente de la educación de sus hijos y delegan esta tarea en los medios de comunicación, en la escuela o, si hay posibilidades, en al canguro de turno. Lo cierto es que las directrices que marcaba la educación más tradicional se han puesto en cuestión, esto ha dado lugar a una gama tan amplia de modelos educativos que en muchos casos el resultado es un gran lío. Entre las consecuencias de esta confusión nos encontramos a la hiperpaternidad.

La hiperpaternidad nace como la perversión de un modelo educativo en el que se defiende que es necesario aumentar la atención y el cuidado que los padres dedican a sus hijos. Engloba a aquellos padres que protegen en exceso a sus hijos, les colman de atención y halagos por encima de sus necesidades, sin saber que limitan su independencia, su libertad y el desarrollo de su autonomía.

Los hiperpadres velan por el éxito académico de sus hijos y sufren por cada posible frustración que pueda acontecer a sus pequeños. Así, lejos de hacerles bien, consiguen niños sobre estimulados, sobreprotegidos e inseguros.

sobreprotección

Hiperpaternidad como nuevo modelo educativo

Hemos pasado de tener hijos mueble, a los que hacíamos poco caso, a tener hijos altar, a quienes veneramos. Eva Millet en su último libro trata el tema de manera muy didáctica.

La hiperpaternidad es la consecuencia de un modelo educativo habitual en las sociedades más acomodadas. Surgió en Estados Unidos, donde impera el afán competitivo trasladado a la esfera de la paternidad. Los padres estadounidenses se ven inmersos en una de carrera de fondo, cuya meta es lograr que su hijo triunfe en la vida. Reservan plaza en la mejor escuela infantil (antes de que nazca el niño), el mejor colegio, universidad de élite…

Engloba una estimulación precoz con un exceso de actividades extraescolares, y una agenda sin espacios en blanco. Además, conlleva una baja o nula tolerancia a la frustración y los enfrentamientos con los maestros que osen cuestionar las maravillas del niño. También es habitual la actitud de colmarles de objetos como libros, dispositivos electrónicos, juguetes…

La perversión de este modelo de crianza en el que se reclama más atención para los niños está basado en una constante atención y en expectativas desmesuradas para lo que los hijos hacen, estudian, tienen o logran. Definitivamente, no es lo mejor para un sano desarrollo psicoemocional de los pequeños.

A los niños hay que hacerles las preguntas adecuadas

Padres inmersos en hiperpaternidad

Dentro de la hiperpaternidad, podemos identificar diferentes actuaciones de los padres

  • Algunos vigilan y sobrevuelan sin descanso la vida de los hijos. Son los padres helicópteros.
  • Otros padres allanan el camino de sus hijos apartándoles todas las piedras para que no tropiecen. Son los padres apisonadoras.
  • Hay padres que se pasan la vida llevando a sus hijos de una clase extra-escolar a otra, con prisas y llenando la agenda. Son los padres chófer.
  • Algunos padres no permiten que sus hijos se aburran o jueguen.
  • Otros padres marcan el camino perfecto a sus hijos para que nunca sufran un patinazo. Son los padres quitanieves.
  • Hay padres que persiguen sin cesar a sus hijos por el parque con el bocadillo para que se lo terminen. Son los padres bocadillo.
  • Aquellos que procuran que sus hijos no sufran el más mínimo rasguño, ni se ensucien ni resfríen. Son los padres hiperprotectores.

La hiperpaternidad es agotadora

Para los hijos porque implica agendas frenéticas, para los padres porque son ellos quienes los llevan de una actividad a otra, hablan con frecuencia con sus maestros, supervisan sus deberes y los hacen con ellos y planifican sus agendas, incluso sus amistades. Hablamos de padres con un nivel de estrés muy alto, de niños también muy estresados.

Los niños desarrollan un alto nivel de autoexigencia y una baja tolerancia a la frustración. No se les permite fallar y les exige la necesidad de superarse constantemente.

Niña con las manos en la cara estresada

Por otra parte, algunos padres muestran su inseguridad. Hay sobreoferta de métodos y experiencias que el niño tiene que vivir, y esto supone un estrés añadido. Los padres dudan sobre qué es lo mejor para su hijo y se pasan la vida buscando y colmándoles de experiencias, oportunidades y metodologías, así como de otras cosas materiales y nuevas tecnologías.

Alternativas a la hiperpaternidad

Lo primero es relajarse para salir de la espiral. Como padres podemos respirar y relajarnos. Los niños no necesitan padres perfectos, necesitan padres tranquilos y felices. Reducir su agenda supone reducir la nuestra.

Los padres hemos de dar a los niños tiempos de juego, para que aprendan a entretenerse y gestionar sus tiempos. El juego es vital en el desarrollo y con tanta actividad y estrés no se les da espacio ni tiempo para jugar, aburrirse y aprender.

Niña andando por el campo

Los padres hemos de aprender a confiar en nosotros y en nuestros hijos, soltarlos de la mano poco a poco, inmiscuirnos menos, dejarnos llevar por nuestra intuición y acompañarlos en su desarrollo. Reforzarlos, felicitarles, y emocionarles para que se apasionen por la vida y aprendan día a día a vivir, relacionarse y manejar sus emociones.

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