Una educación sin flexibilidad produce adultos ansiosos

Según un trabajo reciente de la Universidad Stony Brook, una educación parental punitiva produce efectos poderosos y duraderos porque con ella se entrena al cerebro infantil para que enfatice y guarde en memoria, sobre todo, los errores. Piensa que aunque todos cometemos errores, centrar la atención sobre ellos de manera constante es atentar contra nuestro sistema emocional sin descanso. De hecho, fácilmente este puede ser el punto de partida para un trastorno de ansiedad.

Los niños expuestos a críticas aprenden a internalizar la enmienda parental hasta tal punto que se convierte en un gran condicionante de su respuesta cerebral. Por lo común, estos niños aprenden a identificar una señal de precaución que con el paso del tiempo puede llegar a convertirse en un desencadenante de la ansiedad.

Es importante no confundir una educación severa o demasiado estricta con una educación reglada. La primera es dañina por el exceso de control sobre el infante y el poco espacio que se le deja para su desarrollo y el aumento paulatino de las responsabilidades que adquiere. La segunda es necesaria y aconsejada, ya que el estrés positivo que se deriva de unas reglas claras y justas puede hacer que el menor se adapte mejor a futuras situaciones de estrés, tanto de pequeño como de adulto.

Todos somos en parte productos de nuestro pasado, incluida nuestra infancia

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La educación severa puede ser el preludio de la ansiedad en la edad adulta

Desde el congreso del Instituto de Neurociencias de la UAB se ha lanzado un claro mensaje: si no se invierte en los jóvenes y niños, dejaremos una huella muy negativa en las generaciones que nos seguirán. Se ha destacado que la forma de educar puede provocar situaciones de gran estrés en los niños; situaciones que a su vez se relacionan con la probabilidad de que sufran algún trastorno mental en la edad adulta.

Son pocos los padres que no desean grandes cosas para sus hijos: pero entre desearlas y fijarlas como una necesidad hay una diferencia considerable. Cuando es la propia familia la fuente de estrés, con actitudes excesivamente negligentes y críticas hacia los hijos, estos aprenden a relacionarse de manera vulnerable con los demás. 

Niño con problemas de ansiedad por las exigencias de sus padres

Algunos padres están convencidos de que sus hijos rendirán más si ellos son muy exigentes, así, en lugar de felicitarles por lo ya conseguido remarcan lo que aún tienen pendiente. Sin embargo, psicólogos y pedagogos aseguran que una educación basada en esta lógica no funciona: son muchas las familias que presionan a los hijos, especialmente en el ámbito académico, y que este exceso de exigencia está detrás de muchos de los problemas que llegan a sus consultas.

La razón podría llevarnos a pensar que, en una sociedad que demanda más esfuerzo a las futuras generaciones, este tipo de padres exigentes son una especie en extinción, pero no es así. Hoy en día los padres quieren hijos bien formados, competitivos, con buenas notas, y muchos exigen un rendimiento alto. Sin embargo, no tienen en cuenta si sus hijos pueden o no alcanzar ciertas metas o si desean o no alcanzarlas.

El amor es para el niño como el sol para las flores; no le basta pan: necesita caricias para ser bueno y ser fuerte.

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El estrés positivo en niños puede prevenir trastornos mentales posteriores

Según concluyeron expertos reunidos en el International Center for Scientific, un reforzamiento intermitente de los padres podría ayudar a los niños a manejar de manera adecuada la frustración. Este tipo de educación ayuda a prevenir trastornos mentales en la edad adulta, como depresión, ansiedad, adicción a las drogas.

El estrés “controlable”, que nace por aproximación a una situación estresante bajo la supervisión de los padres, ejerce de regulador en el comportamiento del niño. De esta manera, en el futuro tolerará más las situaciones estresantes y actuará como profiláctico frente a algunos trastornos mentales derivados del propio estrés.

Niña-abrazada-a-su-padre

Además, voces importantes del contexto pedagógico, proponen incluir en los centros educativos asignaturas de meditación para que los pequeños aprendan a regular las emociones y sepan adaptarse mejor al estrés futuro.

La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras.

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