El trabajo nocturno me está quitando la vida

El gran poeta romano Ovidio dijo una vez que “la noche es más triste que el día”. Parece ser que no le faltaba razón. Piensa que para muchas personas que ejercen trabajo nocturno esta frase es más cierta que ninguna. Podría ser que su empleo les esté quitando la vida.

Así se desprende de un estudio llevado a cabo en el seno de la Universidad de Surrey y en colaboración con otras instituciones. El trabajo nocturno incide directamente en la calidad de vida de aquellos que lo desempeñan. Así, resulta curioso que esas horas del día a las que tantas veces hemos asociado al amor y al romanticismo puedan en realidad ser tan perjudiciales. Aunque claro, no es lo mismo estar con tu pareja que trabajando, ¿verdad?

Los problemas del trabajo nocturno

Son ya varios los estudios que demuestran que el trabajo nocturno no tiene nada de saludable. Para ello, se han llevado diversas investigaciones. La última atañe a las enfermeras en Corea del Sur. Antes se trató a los empleados chinos ya jubilados que antaño trabajaron en el sector automóviles por turnos y antes se hizo lo mismo con trabajadores franceses.

Mujer trabajando de noche

El principal problema parece surgir de la falta de sueño o del cambio en el horario de sueño. Vivimos en una sociedad enfocada al día y a la luz. Así pues, las personas que trabajan de noche han de adaptar su vida totalmente a ese horario. De lo contrario, acumulan cansancio y sueño que rara vez son capaces de recuperar.

En todas las investigaciones se han encontrado datos que afectan directamente a la salud de la persona. Es más, en cada una de ellas se localizaron signos de efectos negativos de diversa índole. Por ejemplo:

  • Entre las enfermeras de Corea del Sur, aquellas que trabajan más en la noche se encontró una tendencia alarmante a la obesidad.
  • De los empleados chinos jubilados estudiados, se descubrieron problemas de diabetes y tensión arterial muy alta.
  • Los trabajadores franceses analizados demostraron un deterioro cognitivo estadísticamente significativo. De hecho, sus resultados indicaban que su desgaste equivalía a haber envejecido entre 5 y 10 años más.

El trabajo nocturno afecta al descanso

Como dijimos, el problema afecta directamente a la falta de descanso. Cuando trabajamos en turnos nocturnos y no nos adaptamos totalmente al horario, nuestros ritmos biológicos quedan totalmente desestructurados.

Así pues, los mecanismos internos encargados del sueño y la vigilia se descuadran. De esta forma, el cuerpo de una persona que trabaja por las noches sufre graves disonancias. Por ejemplo, se alimenta cuando no está preparado y trata de dormir aunque realmente no siente cansancio.

Hombre con sueño

Al final, todo este desajuste desemboca en una falta de sueño preocupante. Este perfil de trabajador no suele dormir lo suficiente. Ese es básicamente el gran problema. Los cuerpos están más cansados.

Además, hay otros factores que también afectan a los trabajadores nocturnos. Por ejemplo, la alimentación. No solo comen a destiempo, sino que también tienen más problemas para encontrar productos sanos y por lo tanto para consumirlos. Muchos acuden a comida rápida, que deteriora a mayor velocidad las capacidades cognitivas y físicas.

¿Qué hacer cuando tenemos que cubrir un turno nocturno?

No hay una solución sencilla para los empleados de noche. Como ya hemos comentado, lo ideal es adaptar totalmente la vida al horario laboral. Pero los fines de semana son un problema, ya que en los días libres es más complicado que nuestra voluntad resisita y no intentemos acostumbrarnos al horario nocturno, volviendo loco de esta manera a nuestro cuerpo por la falta de horarios constantes en neustros bioritmos.

Además, muchas personas varían los turnos. Una semana trabajan de día y otra de noche. Esto es terriblemente perjudicial para el organismo. El cuerpo nunca llega a adaptarse definitivamente a ninguno de los horarios. Según los expertos, uno de los pocos colectivos bien adaptado al horario nocturno es el de los profesionales de plataformas petrolíferas. Al no tener fines de semana libres y dormir en habitaciones sin ventanas, no sufren el problema de quienes viven en ciudades y pueblos.

Es evidente que el empleo es necesario hoy en día para vivir. Si toca hacer turnos, nos adaptamos, pero también parece obvio que perjudica física y cognitivamente. Además, no se atisba una solución sencilla al problema, pero al menos ya hemos dado el primer paso: saber que nos puede afectar de manera negativa. El siguiente paso sería hacer todo lo posible por mantener horarios constantes y respetar un mínimo de horas de descanso cada 24 horas.

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