Por muy difícil que sea un niño, jamás dejes de hablarle bonito

Sé que a veces estamos muy cansados, abarrotados de información, de problemas y de responsabilidades. Toda nuestra frustración termina transformándose en ceños fruncidos y palabras que lanzamos hacia los que más queremos. Muchas de estas personas son niños pequeños, hijos que no entienden el porqué de nuestro enfado. Cambiamos el “hablarle bonito” por palabras duras, llenas de adjetivos innecesarios que se refieren de manera cruel a “lo que hacen siempre” o a “lo que son”.

¿Cuántos progenitores observamos que lanzan a sus hijos palabras como “eres tonto”, “compórtate” e incluso “idiota”? Quien ve esto desde fuera le resulta sorprendente esta actitud tan inmadura. Sin embargo, hay que verse en la piel de ese progenitor que no sabe ya lidiar con un nivel de exigencia tan alto. Quizás, en algún momento, nosotros hayamos procedido de la misma manera.

No obstante, siempre hay que hacer un esfuerzo. Los niños no tienen la culpa y no merecen que nos desahoguemos de esa manera tan injusta con ellos. Más que nada porque están dando sus primeros pasos en la vida y lo que hagamos hoy será para ellos un mensaje positivo o negativo que guardarán siempre en su corazón.

En muchas ocasiones, no son los niños los que están pasando por una “etapa difícil”, sino los padres que se ven desbordados y no saben lidiar con la presión.

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Hablarle bonito será mejor que una torta

Una torta, un grito, un castigo siempre va a parecer más efectivo que hablarle bonito a los niños. Esto es así porque los resultados de lo primero son inmediatos, pero comprenden unos efectos secundarios perversos. Ellos no pueden defenderse de la acometida, se sentirán humillados e incluso saborearán, por primera vez, lo que un día descubrirán que se denomina resentimiento.

Además, tenderán a la imitación: pensarán que si alguien más fuerte que ellos puede utilizar la violencia para dirigirlos, ellos también podrán utilizarla con los que son más pequeños que ellos.

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madre e hija

Hablarle bonito a los niños puede parecer, en un primer momento, que no funcionará, que no conseguiremos que ante una mala acción sepan que está mal. Sin embargo, esto no es así. La comunicación siempre será lo más importante. Los más pequeños, aunque no lo creamos, entienden más de lo que pensamos.

Si les explicamos qué han hecho mal, cómo deberían haber procedido y terminamos con un abrazo, les transmitiremos la valiosa lección de que los errores son humanos y de que lo importante es aprender de ellos. Les mandamos un mensaje claro: “la próxima vez lo harás mejor, yo confío en ti”.

La ternura, el amor, la compasión y el consuelo se grabarán en lo más hondo de esa personita que tanto queremos y que aún tiene mucho que aprender. Ese mensaje que intentamos transmitirle madurará con el tiempo. Es posible que ahora no lo veamos, ya que esto no es tan instantáneo como una palmada. Pero, a largo plazo contemplaremos sus grandiosos resultados. Además, veremos como nuestros hijos educan a sus hijos de la misma manera y nos sentiremos orgullosos de ellos.

Hablarle bonito a los niños les marcará un camino donde el amor, la escucha y la comprensión estarán muy presentes.

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¿Queremos que nuestros hijos nos tengan miedo? ¿Buscamos infundir respeto a base de temor? Este no es el estilo de aprendizaje que tenemos que transmitir. Una palabra negativa o un insulto pueden causar inseguridad, baja autoestima, miedos innecesarios… Sé que estamos muy ocupados, pero hemos traído a una personita al mundo que merece toda nuestra atención, todo nuestro amor y todas nuestras buenas acciones.

El poder de la disciplina afectiva

La agresividad fomentará más agresividad y más comportamientos que no queremos. Por ejemplo, si nuestro hijo no entiende nuestros gritos aprenderá a no escucharnos. Pero, si ponemos en práctica la disciplina afectiva, donde existen llamadas de atención sutiles y delicadas, los resultados serán mucho mejores. Sin embargo, es difícil llevar esto a cabo cuando nuestros propios progenitores actuaron de la forma que estamos examinando. Si nos damos cuenta, repetiremos el mismo patrón de conducta.

padre e hija

Actuar de la misma forma en la que hicieron nuestros padres es algo que muchas veces no queremos. Pero, tal vez esto suceda porque no nos paramos a analizar cómo estamos tratando a nuestros hijos. Es importante reflexionar sobre ello. Quizás tengamos nostalgia por no haber recibido todo el cariño que nuestros padres podían darnos. Tal vez no sabían demostrarlo de la manera adecuada.

Es normal. Ningún padre tiene un manual de instrucciones que le indique cómo es la mejor manera de proceder. Sin embargo, a pesar de esto, sí es muy importante que atendamos a todo lo que viva nuestro hijo en la infancia. Pues hablarle bonito le afectará de una determinada forma y pagar nuestras frustraciones con él de otra.

Aunque te fallen ya las fuerzas, por mucho que a tu alrededor todo sea negativo, no te canses nunca de hablarle bonito a tus hijos.

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Todo lo que ocurre en la infancia nos marca poderosamente en etapas posteriores. Los niños nacen dispuestos al amor. Conozcámoslos, atendámoslos y busquemos ese punto en el que captaremos su atención para poder enseñarles y orientarles de la forma correcta. Eso sí, esto tiene que hacerse desde el amor, no desde el temor. Hablarle bonito a los niños será una gran decisión.

madre e hijo luna hablarle bonito

Imágenes cortesía de Käthe Kollwitz, Claudia Tremblay, Soosh

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