Psicópatas: un viaje más allá del retrato que hacen las películas

Los psicópatas son conocidos por el gran público porque han sido personajes oscuros y recurrentes en el cine y en la literatura. También han sido identificados, por desgracia, como protagonistas de crímenes reales que destacan por su frialdad. Pero, ¿qué hay de cierto en lo que se proyecta en la ficción?

Por otro lado, en caso de existir en nuestra sociedad, ¿existe algún protocolo de intervención o tratamiento? ¿se conoce su efectividad? Esta y otras cuestiones son las que detallaremos a continuación desde la evidencia científica, frente al afán novelesco de la televisión, el cine o la literatura.

¿Qué se entiende por psicópata?

A un psicópata se le define por la suma de un trastorno de la personalidad y un estilo de vida socialmente desviado, tendente a ignorar las normas sociales para satisfacer su propio déficit de estimulación. Es decir, estas personas necesitan “emociones más fuertes” que los demás para sentirse igual de activados que nosotros. Esto, sumado a un déficit en la capacidad de autocontrol y empatía los hace bombas de relojería a punto de estallar, donde las demás personas son simples medios para alcanzar sus fines.

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Psicopatía: criterios diagnósticos

Según el DSM 5, manual con el que diagnosticamos los psicólogos, los criterios para reconocer a los psicópatas son:

A) Desajuste moderado o mayor en el funcionamiento de la personalidad, que se manifiesta en dificultades específicas en dos o más de las siguientes 4 áreas:

  • Identidad: egocentrismo, autoestima que se deriva de una ganancia personal, de poder o de placer.
  • Autodirección: el establecimiento de metas se basa en la gratificación personal, ausencia de criterios prosociales internalizados, asociado con un fallo en amoldarse al comportamiento ético, legal o normativo culturalmente.
  • Empatía: falta de preocupación por los sentimientos, necesidades o sufrimiento de los otros, falta de remordimiento después de herir o tratar mal a otros.
  • Intimidad: incapacidad para establecer relaciones íntimas recíprocas, como la explotación como un medio primario para relacionarse con los otros, incluyendo la falsedad y coerción, uso de la dominancia o intimidación para controlar a los otros.

B) 6 o más de los siguientes rasgos patológicos de personalidad:

  • Manipulación
  • Crueldad
  • Falsedad
  • Hostilidad
  • Arriesgarse
  • Impulsividad
  • Irresponsabilidad

Máscara

Cabe destacar algunos cambios cualitativos respecto a los manuales anteriores, dotándose ahora del nombre de “Trastorno antisocial de la personalidad”. Así, se pone énfasis a la personalidad del sujeto frente a otras consideraciones. No obstante, la escala más difundida en el entorno policial es la que constituyó Hare. En muchos casos, supone el punto de partida en procesos jurídicos y/o penales, es la siguiente:

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El primero de estos factores hace referencia a características interpersonales y afectivas, a la parte más emocional. Por otro lado, se halla el factor de desviación social, que abarca aquellos elementos relacionados con problemas de irresponsabilidad e impulsividad, con un déficit en la socialización del individuo; la parte más conductual.

Consideraciones psicológicas en la evaluación de un psicópata

De estas concepciones se derivan algunas aclaraciones que debemos hacer al concepto de psicópata que nos venden en los medios y en las películas. Un psicópata, como ya hemos dicho, se identifica por la suma de un problema de tipo emocional o de personalidad y un déficit en habilidades sociales o una desviación conductual. Con lo cual, un psicópata no tiene por qué ser necesariamente un asesino. Diversos estudios definen los destinos de los psicópatas en función de su accesibilidad al delito.

¿Qué quiere decir esto? Que un psicópata “de buena cuna” habrá recibido estudios que le permitan emplear esa manipulación en delitos de guante blanco o hackeando webs o equipos informáticos. Mientras que, “un psicópata pobre” le será más fácil cometer un homicidio que una gran estafa. Por tanto, debemos cambiar nuestra conceptualización popular de la psicopatía y de los psicópatas como algo más habitual y menos grotesco que en las películas.

Ahora bien, ¿por qué un psicópata llega a mostrar estas desviaciones emocionales y conductuales? Hay una gruesa rama de la investigación que se orienta por postular que estas personas tienen unas lesiones “innatas” en el lóbulo frontal de sus cerebros que desencadenan todas estas reacciones. Además, el entorno cuenta con un papel fundamental pues hará de llave que abra esa puerta o no. Es decir, un “joven psicópata” sometido a abusos tiene más papeletas de que se abra esa puerta que aquel que se desarrolló en un entorno favorable.

Tratamiento del psicópata

No obstante, esto no es así siempre. Por tanto, ¿podemos prevenirlo?, ¿existe algún tipo de tratamiento?, ¿qué se está haciendo en España al respecto? Estas y otras preguntas son las que responderemos a continuación.

Las principales vías de prevención van orientadas al control de estas personas en instituciones psiquiátricas, a través de fármacos y terapia. Esto cuenta con un gran problema de base, la psicopatía no es como otros rasgos o síndromes psicológicos que se detectan a simple vista. De hecho muchas veces se identifica cuando el psicópata ya ha cometido uno o varios delitos. ¿Qué hacer entonces?

Dolan, en 1998, empleó la “terapia de comunidad terapéutica”. Por otro lado, Tyrer en 1996, hizo uso del “tratamiento con terapia cognitiva breve” inspirada en la terapia dialéctica de Linehan. Todas ellas contaron con resultados positivos, pero los estudios para validarlas se toparon con un inconveniente. No se pudo contar con un “grupo control” o grupo de psicópatas sin tratar, de manera que los investigadores pudiesen a tribuir los resultados positivos a la intervención.

Por su parte, Garrido, el mayor representante en este tipo de investigación en España. Considera que hay una evidente falta de estudios de este tipo en nuestro país, lo cual es preocupante porque este tipo de delincuente es el más peligroso y reincidente. Hace hincapié en reconocer y tratar a esos psicópatas del “eje I”. Es decir, que aún no han violado las normas pero cuentan con esa personalidad tendiente a la psicopatía.

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¿Qué se hace en España?

La verdad es que aunque, cada vez más, contamos con diversas orientaciones preventivas y restitutivas al respecto, poco o nada hacemos en España al respecto. Con lo que, cabe destacar, la importancia de reconocer que el castigo penitenciario es inútil en este tipo de delincuente ya que el psicópata no muestra arrepentimiento ni sometimiento alguno. Es decir, deberíamos cambiar la conceptualización y las formas, reconociendo a un preso cualitativamente distinto, donde nuestros métodos no son los suyos.

Por último, para que los que os haya picado el gusanillo, aquí os dejo un caso “Made in Spain”, “El asesino del Rol“. Finalmente este tipo reconoció sentirse arrepentido… ¿necesidad de redimirse o estrategia? Juzgar vosotros mismos:

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