Deja ganar a quien juegue a perderte

Deja que gane a quien juega a perderte regalándote un amor con sabor a egoísmo. Quien juega a quererte solo para saciar sus vacíos emocionales, permite que gane también ese mismo premio: tu adiós. Porque quien juega contigo no te merece, y si hay algo que nunca debemos perder en ese tablero, es la dignidad.

Existe un libro muy interesante realizado por los neurólogos Amir Levine y Rachel Heller titulado “La nueva ciencia del cerebro adulto: cómo encontrar pareja” que nos explica algo muy revelador sobre este mismo tema. El cerebro de las personas está programado para buscar y recibir apoyo. Necesitamos seguridad afectiva en cada uno de nuestros vínculos, ya sean familiares, de amistad o de pareja.

Ahora bien, a pesar de que a muchos no les agrade el siguiente término, a nivel neuronal existe una clara evidencia: el ser humano es “emocionalmente dependiente”. Sin embargo, no hemos de ver esta dependencia como un anclaje total y absoluto hacia una o varias personas. Hablamos de nuestra necesidad por sabernos amados, por dar por sentado que vamos a ser respetados y que podemos contar para cualquier cosa con ese ser amado.

Construir una relación basada en un juego de fuerzas donde hay uno que siempre gana, duele. A su vez, contar con una pareja “adicta” a hacer promesas que no cumple o a ofrecer un amor siempre interesado, quien primero se resiente es nuestro cerebro: aparece el estrés. Es una reacción biológica instintiva que nos alerta de que hay algo que no va bien.

Se acaba de fragmentar en nuestro interior ese esquema donde dábamos por sentado algo tan elemental como que quien te quiere, te respeta, quien te ama te ofrece apoyo, cercanía y seguridad. Si no sentimos esto, sino lo percibimos, entraremos de inmediato en un ciclo marcado por la desconfianza, la vulnerabilidad y la ansiedad.

Te proponemos ahondar en este tema.

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El amor como sistema y juego de fuerzas

Todos sabemos que el éxito de una relación depende de muchos factores, pero uno de ellos es sin duda la capacidad de ambos miembros para dar y recibir apoyo. Si uno de los dos no se involucra o deja las necesidades del otro en segundo plano, la relación irá lentamente a la deriva.

Ahora bien, por curioso que nos parezca, este tipo de realidades no son tan fáciles de ver. En ocasiones, juegan con nosotros y no nos damos cuenta, nos usan como peones de un tablero donde hay un rey o una reina implacables que van devorando una por una, todas nuestras ilusiones, todas nuestras esperanzas y fortalezas. Según la teoría de sistemas aplicada al campo emocional, esto ocurre por unos factores muy concretos.

Cuando dos personas se unen en una relación se crea algo mucho más grande que sus dos miembros. Es un sistema, es como una esfera llena de complejas dinámicas que nos trascienden y donde a su vez, también nosotros le conferimos unas características a veces “demasiado” ideales. Nos decimos a nosotros mismos que esa relación es la definitiva, que va a ser perfecta y que juntos, vamos a crecer como personas además de como pareja.

Energy Sphere

Mantenemos este tipo de creencias y de diálogo interno porque nuestra mente así lo necesita: ansiamos sentir seguridad afectiva y psicológica. Sin embargo, día a día ese sistema perfecto va enturbiándose con pequeñas pero implacables dinámicas y serios embistes, como el desprecio, la decepción, el chantaje emocional

Pocas personas suelen reaccionar a la primera al ver y sentir estos primeros golpes. El cerebro está programado para la resistencia al cambio, y hará uso de razonamientos poco adecuados como “esto es temporal”, “seguro que cambiará”, “si me quiere se dará cuenta de que me está haciendo daño”.

Si embargo, el sistema que nos contiene se debilita día a día hasta que se derrumba como un castillo de naipes. Hemos de ser capaces de irnos a tiempo para no convertirnos en las cenizas de un triste ensueño, de un juego implacable donde fuimos los perdedores.

Quien te quiere, no juega contigo: la inmadurez emocional y el amor como juego

En el libro citado al inicio de los neurólogos Amir Levine y Rachel Heller nos indican que las personas emocionalmente inmaduras son las que suelen entender el amor como un juego. Son perfiles que reaccionan solo ante la novedad del momento, ante la gratificación inmediata y a la necesidad de satisfacer las propias necesidades.

No dudarán en alcanzar la Luna por ti solo si tú les ofreces el Sol. Te harán promesas cuando son felices y te culpabilizarán de todos sus problemas cuando se sientan frustrados. Ahora bien… ¿por qué en ocasiones llegamos a enamorarnos de personas con este tipo de personalidad? No hay una razón concreta, podríamos decir que nos atrae su intensidad, su dinamismo o el que en ocasiones, nos busquen como quien necesita aire para respirar.

mariposas alrededor de perilla de luz representando a quien juega a perderte

No debemos dejarnos engañar. El amor no es un juego, y quien juegue a perdernos, debemos permitir que ganen, es lo mejor que podemos hacer. Porque al fin y al cabo también nosotros saldremos triunfantes: habremos ganado en dignidad, en autoestima y en valentía.

No podemos olvidar que la madurez emocional se define también por nuestra capacidad para saber observar la realidad de las cosas y saber actuar ante ellas, aunque nos duela, aunque se nos parta el corazón durante un tiempo. La satisfacción de haber actuado como debíamos hará que nos repongamos antes de lo que pensamos.

 

 

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